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El beisbol se degusta con tenedor

Historias de la LMB: Francisco Campos
July 3, 2019

Ciudad de México (www.lmb.com.mx / Alberto Guadarrama) 3 de julio.- El lanzamiento de tenedor es una rara avis en el beisbol actual. Acaso fue más recurrente en la pelota de la primera mitad del siglo XX. Joe Bush, uno de los primeros exponentes de este pitcheo, definió que "el tenedor

Ciudad de México (www.lmb.com.mx / Alberto Guadarrama) 3 de julio.- El lanzamiento de tenedor es una rara avis en el beisbol actual. Acaso fue más recurrente en la pelota de la primera mitad del siglo XX. Joe Bush, uno de los primeros exponentes de este pitcheo, definió que "el tenedor baila, se parece a la de nudillos, pero hay que tirarla más duro".
Francisco Campos Machado (Guaymas, 1972) ha sido el pitcher mexicano con mayor dominio de este lanzamiento. En su año de transición de receptor a lanzador, en el lejano 1995, su compañero en los Piratas de Campeche, Hugo Lizárraga -pitcher relevista- tiraba el tenedor y Campos, en su faceta de catcher, aceptó que era "desastroso podérselo agarrar" y añadió "si no lo podemos cachar, imagínate batear". Un lanzamiento que sale muy rápido, cerca del pentágono simula el vuelo de una mariposa y al final se cae.
Con curiosidad, Campos se acercó a Lizárraga. El relevista de tiempo completo, sin guardar el secreto y con plena disposición, compartió el secreto del agarre con el incipiente pitcher. Pancho recuerda: "nos poníamos a calentar y yo miraba el efecto". Sin presión, lo comenzó a tirar y vio los resultados. En sus primeros juegos profesionales como pitcher, Campos tiraba recta y tenedor. No había opciones, acepta que su curva era mala y el slider todavía peor.
Esa primera mezcla de lanzamientos que recuerda como "la recta era aceptable y el tenedor era fulminante" permitió su total conversión a lanzador. En ese invierno de 1995 trabajó con otros pitcheos para aumentar su repertorio.
Es un lanzamiento riesgoso, porque siempre se debe lanzar en un punto especial. "Si lo mandas mal, es un pastel grande para el bateador", lo define Campos.
Degustando el beisbol con tenedor, Campos cumple un cuarto de siglo como lanzador profesional en la Liga Mexicana. En los últimos 50 años, el guaymense ha sido el único ganador de la Triple Corona de pitcheo en la LMB (2004: 12-2, 1.47, 99 SO) Una hazaña de proporciones heroicas en la pelota contemporánea. Tan longevo como virtuoso.
Su sobrenombre, Pancho Ponches, no es un elogio gratuito.
Campos, cuarto lugar histórico de chocolates en la LMB, nació con una pelota y un guante en su natal Guaymas, poblado pesquero y cuna de beisbolistas, ubicado al sur de la capital de Sonora. Allá el beisbol es tradición. El deporte más popular.
Su hermano, Raúl, también jugó pelota, aunque nunca en el nivel profesional. Y el hermano de su padre, homónimo de Francisco, apodado Cisco, sí jugó en el beisbol de paga, pero un terrible accidente automovilístico por el cual perdió una pierna, le acabó su carrera. Campos nació "con el don del beisbol en la sangre".
Pocos saben que Campos creció en su infancia jugando como pitcher y tercera base. A los 15 años, por necesidad en el equipo de su ciudad natal, tuvo que ponerse los arreos ante la lesión del receptor titular Oscar Bojorquez. Llamó la atención, era dueño de un brazo potente. A escasos meses de ser receptor amateur, fue invitado a un try-out en Hermosillo, capital de Sonora. Se presentó como receptor y llenó el ojo de los buscadores de los Astros de Houston.
En aquel oasis de beisbol, la Academia de Pastejé, cuna de los mejores peloteros mexicanos en los 80 y 90, tomó el curso de la décima generación en la posición de catcher. Se graduó con honores. De aquel pitcher y antesalista infantil y juvenil, únicamente quedaba el recuerdo. Campos define su cambio a catcher como "una transición que tomé con mucho gusto y cariño".
A principios de la década de los 90, Campos jugó atrás del pentágono en las sucursales del beisbol de los Estados Unidos. En 1992, con la sucursal de los Piratas de Campeche, sufrió una triple fractura en una jugada en home. Marcó su carrera. Destino manifiesto. "Después de eso, no volví a ser el mismo catcher".
Sus fortalezas como receptor eran su defensiva y el brazo potente para sacar en bases a los estafadores. Todos esos parámetros de rendimiento bajaron. Del brillante prospecto en esa posición, poco quedaba.
La desgracia fue su oportunidad, aunque "yo estaba renuente, llevaba una trayectoria en Pastejé, en Rookie League, después en Clase A en Estados Unidos. Se me hacía difícil aceptar esa decisión, porque era como empezar de nuevo". Su manager en el equipo filibustero en 1995, Javier Escopeta Martínez, lo convenció de su nuevo rol, aún cuando Campos jugaba con careta.
Recuerda su primera vez en el montículo, "estando de catcher, me dijo, Pancho vas a lanzar. Tenía los arreos puestos. Nos iban dando una pela grande. Era casi mitad de temporada y el equipo no iba muy bien".
El experimento resultó. Al final de la temporada, trabajó nueve entradas y un tercio con solamente dos carreras limpias admitidas.
En 1996, desapareció el catcher y apareció el pitcher que se convirtió en leyenda. Tuvo una temporada gloriosa (10-3, 2.49, 60 SO) que le permitió ser Novato del Año. "Ese año marcó mi carrera".
Campeche fue su tierra adoptiva. Salvo un breve paréntesis con Sultanes de Monterrey en 2006, ha jugado con los Piratas en toda su carrera. "Campeche me ve nacer y triunfar. Me casé con el equipo y no lo he quedado mal. Nos hemos comprometido ambas partes". Un matrimonio profesional.
De niño admiró a Fernando Valenzuela en el beisbol de las Grandes Ligas, a quien, con Vicente "Huevo" Romo, los reconoce como los mejores lanzadores en la historia de México.
A pesar de su calidad, Campos reconoce que los bateadores más incómodos que enfrentó en su trayectoria profesional fueron Matías Carrillo y Óscar Robles.
Jugador profesional en tres décadas distintas, recuerda aquellos 90 como una "etapa donde conocí un beisbol rudo, poco estético y con jugadores de hierro. Estábamos hechos como un carro viejo de lámina gruesa".
Así como los autos clásicos.
"Estoy complacido con lo que el beisbol me ha regalado". Campos cierra la conversación con una sonrisa que legitima su historia.
El beisbol mexicano celebra su triunfo 200. Buen provecho.